“Después subió al monte, y llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él. Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar,y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios.” Marcos 3:13-15 Cuando Jesús estuvo en esta tierra su ministerio dejó huellas profundas en las vidas de 12 discípulos que estuvieron dispuestos a pagar el precio, aun con sus propias vidas. Y lograr el objetivo de agradar a quien los había llamado para esa labor. Y lo lograron porque siguieron las instrucciones del maestro. La labor era muy complicada, difícil, pero no imposible:Establecer el reino de Dios en esta tierra. Y para ello Jesús escogió 12 hombres, comunes y sencillos. Dios escogió a lo menospreciado y vil de este mundo para avergonzar a los sabios de este mundo que no son dirigidos por la sabiduría de Dios, sino del mundo, que es terrenal y limitada. Basada en el hombre mismo, limitado extremadamente. Para que Jesús enviara a estos discípulos al mundo, primero tuvieron que pasar por un proceso que es el mismo patrón a seguir por aquellos que queremos ser efectivos en el reino de Dios. A continuación explicaré cada uno de ellos: 1- Y estableció a doce, para que estuviesen con él Estar con El es el paso número uno a seguir. Por la razón de que tenemos que conocer quien es Jesús. Ya que la manera más fácil es a través de la persona del Espíritu Santo. “El dará testimonio acerca de mí.” Juan 15:26. El nos llama a una íntima relación. El se nos quiere revelar a lo más profunda de nuestro corazón, que consecuentemente nos producirá un profundo amor por su bendita persona. Y esto causará fuertes convicciones en nuestra vida, que nos proyectará a un nivel mayor de búsqueda spiritual. Lógicamente el quiere transformar nuestra vida, pues todos venimos del mundo. Vivíamos en otro estilo de vida, el cual era totalmente desagradable a Dios. Pues era contrario a su voluntad. Mi pregunta es ¿Qué instrumento usa Jesús para transformar el corazón humano? El usa siempre la palabra de Dios. Pues es la que transforma y da vida abundante. “El espíritu es el que da la vida; la carne para nada aprovecha; Las palabras que que yo os he hablado son espíritu y son vida.” Juan 6:63 Que maravillosa expresión del maestro, sus palabras son espíritu y son vida. Para conocer y ser transformado por el poder de Dios hay que sentarse a los pies del maestro cada día de nuestras vidas y escucharle atentamente para que el nos hable y nos dirija en todos los asuntos relacionados con su reino. Esto no consiste en ponerse el “traje religioso” y hacer la obra de Dios. Sino que tiene que reflejarse El en nuestras vidas y a través de nuestras vidas. Con nuestro estilo de vida. Pues ya que el que ha estado con Jesús tiene el gran cuidado de que cada uno de sus movimientos vayan a glorificar y exaltar el nombre de Jesucristo. Cuando salgo a la calle o tengo la oportunidad de hablar con alguna persona, siempre trato de sembrarle en su corazón una palabra de amor, de aliento, de esperanza. Ya que este mundo necesita urgentemente del poder y amor de Dios. Un cristiano agradecido, un cristiano enamorado de El, siempre tomará en cuenta a Dios en su diario vivir. Sus conversaciones, sus pensamientos, estarán centrados en El. Porque El es la razón de nuestro vivir, y sin El no podemos hacer absolutamente nada, pero con El todo lo podemos. 2- Para enviarlos a predicar Jesús nos envía a predicar las buenas nuevas de salvación. No está demandando si tenemos experiencia o no. El nos está dando un mandamiento, no es algo opcional, sino que es algo que todo discípulo de Jesús tiene que practicar como un hábito diario en su vida. Personalmente soy un predicador del evangelio, y no estoy esperando que me llamen a pedicar a una iglesia para hacerlo. ¡No! Lo hago como un estilo de vida, decirle al pecador cual es su condición delante de Dios, y que El les da la oportunidad de acercarse a El con un corazón arrepentido. Recuerdo en una oprtunidad que aun todavía no le había rendido mi vida al Señor. Y estaba desviado en los placeres de este mundo. Y de tanto beber alcohol, fui internado por 7 días en un hospital de la ciudad de Los Angeles, California. Yo esperaba que llegaran todos “mis amigos”, y ninguno llegó. Y estaba muy triste y solo en esa cama. Cuando llegó una anciana, se me acerca y me pone en mis manos un pequeño folleto y decía: “Yo soy Jesús, yo morí port us pecados”. Al leer ese párrafo una sensación de amor inundó todo mi ser. Y el Espíritu Santo me fue tratando hasta que años después me rendí a los pies del Señor Jesucristo. No necesitamos ser maestros de la palabra para sembrar el evangelio en los corazones de las personas. Necesitamos estar dispuestos a decirle al mundo que El es real en nuestra vidas.